Conocenos

En octubre de 2016, el pastor Luis Floriano y un grupo de amigos decidieron emprender el sueño de iniciar una iglesia enfocada en la predicación del evangelio del Señor Jesucristo, firmemente establecida en la doctrina y la exposición bíblica.  Una iglesia donde la devoción a Dios y la oración fueran constantes, donde la pasión por Dios fuera creciente, y el amor por las personas sincero.  Así nació nuestra iglesia, con el ideal de ser y hacer discípulos de Jesucristo en todas partes, compartiendo su amor con palabras y acciones.

La Iglesia del Pueblo de Dios es parte de la Coalición por el Evangelio, compartiendo las mismas convicciones doctrinales y cultivando la asociación voluntaria y fraternal con las demás iglesias que pertenecen a este movimiento.

Nuestra visión

Sobresalir

Estamos convencidos que Dios llama a su pueblo a asumir liderazgo en las esferas de influencia donde se desenvuelve y deseamos contribuir en el desarrollo de esta vocación.

Hacer discípulos

Jesucristo nos llama a ser sus discípulos y a hacer discípulos en todas las naciones. Queremos que cada miembro de nuestra iglesia participe en alguna manera con su tiempo y sus recursos a esta tarea.

Descubrir y cumplir nuestra misión personal

Queremos ayudar a cada persona a descubrir y usar sus dones y talentos para servir a Dios y las personas en el área de su llamado.

Buscar la santidad

Queremos que cada cristiano aprenda a vivir fortaleciéndose por el Espíritu de Dios para apartarse del pecado y para agradar a Dios en todo.

Ser una iglesia bíblica

Queremos que el evangelio de Jesucristo sea predicado de manera continua, que su palabra sea explicada de manera clara y directa, y vivir con base en la doctrina de los apóstoles.

Pasión por Dios

Queremos que cada cristiano cultive su amor y devoción diaria por Dios, que desarrolle una vida dinámica de oración, y un hábito de estudiar la Biblia de manera personal.

Nuestra Fe

Creemos en la autoridad de la Biblia para beneficio de todas las esferas de nuestras vidas, y para honra de Dios.

Nuestra misión

Glorificar a Dios haciendo discípulos en todas las naciones mientras nos ocupamos de buenas obras.

Nuestro enfoque

Nuestras reuniones generales son en español, y nuestra atención a los niños y jóvenes es bilingüe.

Declaración de Fe

La Biblia

Creemos que toda la Biblia en cada una de sus palabras es inspirada por Dios y que constituye la autoridad máxima en asuntos de creencias y de conducta para los cristianos. (2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:21).

 

 

Jesucristo

Creemos que Jesucristo es Dios y hombre a la vez, que fue engendrado por el Espíritu Santo en la virgen María, que él vivió sin pecar, murió y fue resucitado para perdón de todos los pecados, y que el ser humano se beneficia de esto por la fe como resultado de la gracia de Dios. Creemos que Jesucristo es el Señor de todos, esto es, el dueño y soberano de todo y de todos, y que volverá de manera visible y corporal a establecer un reino de justicia (Col. 2:9; Lucas 1:35; Heb. 4:15; 1 Cor. 15:3-4; Col. 2:13-14; Efesios 2:8-9; 1 Tim. 6:15; Apocalipsis 1:7).

El Hombre

Creemos que el hombre es creado a imagen y semejanza de Dios, y esto le confiere un gran valor y potencial. Creemos que el primer hombre pecó, y como resultado él y todos sus descendientes están espiritual muertos, esto es, separados de Dios. Todos los seres humanos nacen con una naturaleza pecaminosa y pecan por su propia elección, viviendo en esclavitud al pecado y bajo condenación (Génesis 1:26-27; Romanos 5:12; Efesios 2:1-3; Rom. 3:23; Sal. 51:5; Rom. 3:9-12; 6:17; 5:18).

 

Los Ángeles

Creemos que los ángeles son seres reales y que los hay santos y caídos. Los ángeles santos sirven a Dios y a sus escogidos, mientras que los ángeles caídos, bajo el liderazgo de Satanás, buscan por todos los medios la deshonra de Dios y la ruina del cada ser humano. (Apocalipsis 12:7; Hebreos 1:14; 1 Pedro 5:8-9; Lucas 8:12).

  

Libertad Religiosa

Creemos que en asuntos de fe cada ser humano es responsable solamente ante Dios; y que la iglesia local es independiente y libre de interferencias de autoridades eclesiásticas o políticas externas; y por consiguiente, la iglesia y el estado deben mantenerse separados el uno del otro. (Romanos 14:11-12; 13:3-4; 1 Pedro 2:13-14; 1 Cor. 4:3; 6:1; Hechos 4:19; 5:29).

Las ordenanzas

Creemos que el Señor Jesucristo estableció que la iglesia local celebre dos ordenanzas, el bautismo y la Cena del Señor. Creemos que el bautismo es por inmersión del creyente en agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Creemos que la Cena del Señor fue instituida por el Señor Jesús para conmemorar su muerte hasta que el regrese. Creemos que la iglesia tiene libertad para celebrar ambas ordenanzas con la frecuencia que considere conveniente, y que la participación de ambas ordenanzas están limitadas a los que han hecho una profesión pública de su conversión a Cristo (Mateo 28:18-20; Romanos 6:3-5; 1 Cor. 11:23-26).

Dios

Creemos que Dios es uno y el único creador y sustentador soberano de todo lo que existe y que subsiste en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cuando usamos la palabra “Dios” nos referimos al Padre, pero sostenemos que Jesucristo y el Espíritu Santo también tienen naturaleza divina (Deut. 6:4; Mat. 3:16-17; 28:19; 1 Cor. 12:4-6; 2 Cor. 13:14; Juan 1:1; Hechos 5:3-4).

El Espíritu Santo

Creemos que El Espíritu Santo es Dios quien convence al hombre de pecado de justicia y de juicio; y quien vive en el interior de todos los que genuinamente han nacido de nuevo, a quienes otorga dones, poder, enseñanza y guía para vivir agradando a Dios. Creemos que los dones del Espíritu se deben usar bajo los lineamientos bíblicos y que el bautismo del Espíritu Santo ocurre en el momento de la conversión (Hechos 5:3-4; Juan 16:8-11; 1 Cor. 6:19; 12:7; Hechos 1:8; Juan 14:26; Romanos 8:14; 1 Cor. 14; 1 Cor. 12:13).

 

La Salvación.

Creemos que Dios Padre ha provisto la muerte y la resurrección de su eterno Hijo Jesucristo para que todo aquel que se arrepiente abandonando la práctica del pecado y cree en Él como Señor y Salvador sea regenerado por el Espíritu Santo llegando así a ser una nueva creación, libre de condenación y con vida eterna acreditada a su favor. Creemos que la salvación es completamente por gracia por medio de la fe, no por obras y que algunas evidencias de esa salvación en la vida de los creyentes son el bautismo, las buenas obras y la perseverancia en la esperanza del evangelio (Marcos 1:15; Juan 3:16; Hechos 3:19; 16:31; 17:30; Tito 3:5; 2 Cor. 5:17; Rom. 8:1; Juan 5:24; Efesios 2:8-9; Hechos 2:41; Tito 3:8; Efesios 2:10; Colosenses 1:21-23; Hebreos 3:14).

La Iglesia.

Creemos que la iglesia es tanto universal como local. La iglesia es universal en lo que se refiere al grupo de todos los creyentes en todo lugar y época bajo la cabeza que es Jesucristo. La iglesia es local en lo que se refiere a un grupo de creyentes congregados en un lugar y tiempo definidos con el propósito de adorar a Dios, celebrar las ordenanzas del bautismo y la Cena del Señor, predicar la Palabra de Dios para evangelización del mundo perdido y edificación de los convertidos a Cristo, estimularse al amor y a las buenas obras, y ser guiada por un liderazgo que cumple las calificaciones bíblicas. (Efesios 1:22-23; 1 Corintios 16:19; Mateo 28:19; 1 Corintios 11:23-25).

 

La Conducta Cristiana

Creemos que el creyente debe buscar para sí mismo y para los demás la plena estatura de la madurez en Cristo. Creemos que el creyente demuestra su fe por medio de sus actitudes y acciones amables, bondadosas y santas, absteniéndose de las inmoralidades sexuales e idolatrías, siendo justo en todos sus tratos, viviendo como un administrador fiel de todo lo que Dios le ha concedido, sujetándose a las autoridades civiles, defendiendo la vida desde la concepción, apegándose al diseño divino para el matrimonio que es un vínculo exclusivo entre un hombre y una mujer, y reconociendo que el divorcio no es la voluntad de Dios, sino una concesión excepcional a causa de la dureza del corazón humano (Efesios 4:13; Romanos 8:29; Gálatas 5:22-23; 1 Tesalonicenses 4:3-4; 1 Corintios 6:18; 10:14; Tito 2:11-12, Santiago 2:18; Romanos 13:1-15; 1 Juan 3:15; Mateo 19:4-8).